Leer estas palabras de Pedro Cavanas acerca de su encuentro con África, ese gran continente que desprende tanta magia, a pesar que desde el occidente siempre nos hemos aprovechado de su bondad.
Su visita a dicho continente le cambió la vida. Pasó de tener tres coches de lujo a operar gratis en algunos de los países más pobres del mundo. La causa: descubrir que de los más necesitados recibía mucho más de lo que él daba. A partir de esta revelación creó la fundación Pedro Cavadas, que sufraga los gastos no sólo de sus operaciones en África, sino también de aquéllas que se ve obligado a realizar en Valencia, como las reconstrucciones genitales. Ante tan apabullante muestra de altruismo, este genio de la medicina se limita a decir que “toda la gente se gasta el dinero en lo que más le gusta, en lo que le hace ilusión. Y a mí este proyecto me hace mucha ilusión”. Para que podamos comprender mejor lo que África ha supuesto para él, terminamos con tres reflexiones de este sabio del siglo XXI:
“Fue ver la humanidad real, la gente que tiene vidas duras y encima está contenta. En las zonas duras del planeta, la gente no está de mala hostia todo el día. Al revés, lo pasan mal, pero los ratitos en que no lo pasan mal están alegres. Bailan, cantan. ¿Cómo es esto posible? En Occidente lo tenemos casi todo, o eso nos hacen creer, y estamos de mala leche todo el tiempo. Estamos deseando siempre otra cosa. Allí no tienen nada, no desean nada y están más contentos que Dios. Y piensas: «A lo mejor habría que aprender un poco más de esta gente». Yo me había metido en una ratonera absurda de comprarme un coche cada vez más grande.”
“Regalé el Porsche. Era ya el tercero que tenía. Si trabajas, ganas pasta; y si ganas pasta, te compras un gran carro. Y al día siguiente ya estás mirando si hay uno mejor. Y acabas cambiando de carro cada dos años, total, ¿para qué? Te gastas una cantidad de dinero insensata en joder a los demás. Porque te lo compras para ver si con un poco de suerte ves a un tío que te cae mal y le das envidia. Es una rueda absurda de la que me salí.”
“No tengo ojeriza a la cirugía estética, sino poco aprecio. Con todo mi respeto a quien la practique y la reciba, es la cirugía de las sociedades saciadas. Cuando alguien está saciado, tiene más comida de la que puede comer, más música de la que puede oír, más placer del que puede experimentar, entonces se empieza a preocupar por la puntita de la nariz o el michelín. Cuando la gente tiene vidas duras, y la mayoría de la humanidad las tiene, no se preocupa de eso. Y no es tan infeliz. Al revés.”
Africa siempre nos enseñará.........




